Pasado oscuro
Tras veinte años huyendo, regreso a las calles de mi infancia; asuntos personales requieren mi presencia. Un sudor frío me paraliza. Más gente, más ruido, pero la casa del monstruo sigue allí.
Risas infantiles se escuchan lejanas, procedentes del colegio. Llega el cartero; cuánto tiempo sin ver uno. Dos vecinas se asoman y se ponen a hablar entre balcones; las viejas costumbres no se han perdido.
Apenas reconozco el barrio: otras gentes, otras culturas, han modificado el entorno. Pasa una mujer con un niño llorando; le pega un grito y le da un azote. Una nube negra me atraviesa y me saca de allí, trasladándome a la casa donde crecí.
Mami, no chilles, no pegues, no soy malo. El timbre suena, me asusto, tiemblo, me hago pis. Es el monstruo. Corro, me escondo, mi manito también llora en la cuna. Mamá chilla, me llama, yo no salgo. El monstruo me encuentra. No, no, no, grito. Me coge y me lleva al cuarto de mamá. Me hacen daño, me pegan. No dejo de llorar. Se van. Escucho reír a mamá y a manito llorando. Estoy solito, sangro por la nariz, todo está oscuro.
La nube empieza a difuminarse. Un señor está a mi lado, preocupado por mi estado; apenas puedo respirar, los recuerdos me asfixian.
Me recompongo, vuelvo sobre mis pasos y salgo del infierno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario