Voces
Estoy adormilado, encadenado, confundido… Una voz resuena lejana…Hoy es el día: conseguiré salir de casa. Estoy aterrorizado, sudando. No dejo de oír cómo me llaman cobarde. Le grito que me deje en paz, que voy a salir, que no va a poder conmigo. El sudor se entremezcla con mis lágrimas. Abro la puerta tímidamente. La luz me ciega. Reculo. Cierro la puerta, asustado. Oigo cómo se ríe de mí. Le grito que me deje en paz. Voy a la cocina, cojo un cuchillo. Me siento en el suelo, llorando hasta que me duermo. Me agito inquieto en mis sueños, alguien me zarandea.
¿Dónde estoy? ¿Qué hago en el suelo? Me levanto confundido. Lanzo el cuchillo, asustado. Todo está en silencio. Las voces vuelven de golpe; me torturan. Les grito para que se callen. Tomo pastillas: solo me duermen y las apagan de nuevo. Ya no las oigo. La paz vuelve.
Despierto agarrotado, pesado, con la boca pastosa. Me siento mareado y… !¡Qué horror!: me he hecho mis necesidades encima. ¿Pero cuánto tiempo llevo dormido? Intento levantarme, me caigo. Me arrastro al baño. Me siento como un asco, como una mierda que no debería vivir.
Abro la puerta, salgo al rellano. Comienzo a temblar y vuelvo a oír cómo me menosprecian y me llaman cobarde. Me tapo los oídos y echo a correr hacia la calle. Ya no tengo escapatoria.
Llego hasta el puente que cruza la autovía. Me asomo al vacío. Me dice que no tengo agallas. Chillo como un loco. Lloro, tiemblo. Grito que soy más valiente que él. Algo me empuja. Salto la valla y me lanzo hacia la libertad.
Un camión de estiércol me abraza. Se ríe, grita que ha ganado. Chillo impotente. Punzadas de dolor recorren mi cuerpo. Pierdo el sentido. Despierto encadenado
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